En el 1922 donde el expresionismo en el cine empezaba tras
la guerra, se rueda Nosferatu, el vampiro. Una historia basada en el libro de
éxito de Bram Stoker, Drácula. Nosferatu es una película de origen Alemán, muda
y las proyecciones en aquellas época eran bastantes básicas y rudimentarias, así que siempre existía una pequeña orquesta para poner música mientras el proyector
avanzaba.
Murnau quiso hacer la adaptación del libro de Stoker pero su
productora le resulto imposible hacerse con los derechos de Drácula y por
ultima decisión le abrumo la idea de hacer su propia versión de la novela, pero
vamos, una versión poco imaginativa puesto que es casi idéntica que el de la novela
lo único que cambian son las ubicaciones, nombres y el propio Conde Drácula que
se llama en la película Conde Orlok interpretado por Max Schreck que
curiosamente su apellido significa en Alemán "miedo". Curioso reclamo
cinecritico.
El enfado de la señora Stoker fue monumental, como cuando a
un león le tocan lo suyo, se abalanzo sobre Murnau denunciándole por infracción
de derechos de autor y lógicamente gano, por que son clavaditas.
El gobierno ordeno la destrucción de las cintas de
Nosferatu, pero un pequeño número de copias se distribuyeron por todo el mundo
y permanecieron escondidas por particulares, imposibilitando así por el resto
de nuestras vidas su desaparición. Ahora mismo las copias que hay son copiadas
de otras copias que a su vez se copiaron de copias disminuyendo así también su
calidad, pero su perturbadora esencia aun sigue viva, dejándonos muchas escenas
impactantes en el cine.
Han pasado 90 años desde que Murnau la rodó y aun puede
recorrer escalofríos al ver a ese vampiro huesudo con unos dedos enormes y dos
afilados colmillos en primera línea en busca de sangre y que, además, contempla
una de las escenas mas puras en la historia del cine. Esa es la esencia del
cine. La perfección 90 años después.
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